POBRE ESPAÑA... TAN ORGULLOSA DE SUS VICIOS Y TAN AVERGONZADA DE SUS GLORIAS.
(LÉELO HASTA EL FINAL) Esto ha de incomodar a izquierda y derecha por igual.
Llevo casi seis años viviendo en España, llegué con tantas incertidumbres como esperanzas, confiado en que al menos podría ejercer mi libertad y seguro de que mi hija podría empezar a desarrollarse personal y profesionalmente sin los temores que imponía Venezuela y en particular la ciudad de Caracas, donde tomar un bus o salir de noche para una chica joven, se había convertido en un verdadero deporte de riesgos. Llegué sintiéndome un español, que por circunstancias familiares se había criado fuera de España, pero no; de nada sirve ser hijo de padre y madre españoles cuando llegas a España; de nada sirve saber de los Trastamara, los Austria y los Borbones, o saber más canciones de Manolo Escobar que cualquier contemporáneo que haya nacido y vivido en España toda su vida, siempre serás "un pancho". Hasta he tenido que "tragarme" esa odiosa palabra "hispanchidad" en boca de quienes proclaman la Hispanidad, entendiendo que su concepto de hispanidad no es fraternal sino chovinista, pero de eso hablaré en otro artículo.
Pese a mi reputación de analista acuicioso, cuyos pronósticos en materia política pocas veces son errados (si no me cree, no vaya lejos; le basta con leer este blog) me encontré con una sociedad española absolutamente hermética y decidida a NO CAMBIAR, algo así como que - si la vamos a cagar, lo haremos nosotros - si alguien viene a decirles - por aquí no se metan - la respuesta será - ¿quién eres tú para decirnos qué hacer? - Así España, camina por un sendero que les lleva directo a un despeñadero del cual no podrá salir en por lo menos 100 años, sus élites sean políticas o empresariales, son miopes y mezquinas, encerradas en si mismas, y la población en general se debate entre el miedo a un futuro incierto y por otro lado el miedo a algo que jamás vivieron. Esa situación ha generado una sociedad profundamente fragmentada, más que polarizada, fragmentada, porque incluso en una situación de polarización, visiones encontradas podrían decidir por dónde marchas en el marco de un proyecto común, pero ese proyecto común en España NO EXISTE.
Quienes temen a un futuro incierto solo saben que hace 50 años su abuelo era celador o albañil y que podía cubrir los gastos del mes, enviar a sus 4 o 5 hijos al colegio y que además podía comprar una casa y pagarla en 7 años, seguro era además que ese abuelo de hoy, hace 50 años con su "currito" (expresión con la que los españoles se refieren al trabajo) podía agarrar a su mujer y sus cuatro hijos e irse a veranear en vacaciones. Para el currante de hace 50 años, la vida era dura, pero ese esfuerzo garantizaba que esos 4 chavales no serían albañiles, sino que irían a la universidad y serían profesionales; había una relación directamente proporcional entre el esfuerzo realizado y las expectativas de futuro.
Quienes temen a un "inevitable futuro incierto" (porque la única certeza que tienen es que no saben cómo llegar a fin de mes) desconocen cómo era aquella España, pero saben que esta no les garantiza NADA, y es extraño, porque el miedo al futuro que ven negro, se mezcla con nostalgia por algo que desconocen y que (tal como es la nostalgia) nunca conocerán, porque en España ya no hay ni la capacidad "ni los cojones" para que las condiciones de vida de aquel pasado desconocido vuelvan a existir.
En el otro extremo están los peores, los que temen a ese mismo pasado que no conocieron y se aferran con uñas y dientes a un presente precario y decadente, aunque este no les garantice un futuro. Estos tienen la cabeza llena de excrementos "DE MIERDA" vertida por prensa, radio y televisión desde 1978 por lo menos, en sus venas corre el resentimiento, la ignorancia y la arrogancia de los ignorantes. Oigan, de verdad, quisiera ser tan decente como la inane diputada Cayetana, pero serlo sería tan inútil como sus elegantes y refinados zascas al ministrico Bolaños; quisiera referirme a este grupo de españoles (no son pocos, por cierto) con palabras bonitas, pero la verdad NO PUEDO.
Unos más y otros menos, pero todos están avergonzados de lo mejor de su pasado, al adentrarme en la historia de España y visitar sus catedrales, sus ruinas romanas, el Valle de los Caídos, las murallas de Ávila, las ciudades de Toledo, Córdoba o Sevilla, entiendes que España tuvo una época repleta de gloria y que esa gloria había sido forjada por españoles que querían tener un lugar donde echar raices y hacer de ese lugar un referente en el mundo. Desde la época de la reconquista, pasando por los 300 años de imperio español en Hispanoamérica, hasta los 40 años de franquismo, España tenía un pegamento que amalgamaba los impulsos de los españoles de cualquier signo ideológico; ese pegamento era LA FE.
Pero la democracia española se encargó de diluir ese pegamento, ya lo había intentado la II República española, cuando apenas proclamada comenzó la quema de iglesias y conventos y el asesinato de religiosos; pero en esa oportunidad los españoles reaccionaron generando lo que quiso ser un golpe de Estado y terminó siendo una guerra civil. Los españoles que temen al incierto futuro que ciertamente tienen al frente, son incapaces (en su mayoría) de hacer esta afirmación, por el contrario, también están avergonzados de esa guerra, hacen silencio permitiendo que los otros (los que tienen la cabeza llena de excremento) los amedrenten constantemente. Esa situación ha generado lo que el filósofo Quintana Paz denomina "El PSOE state of mind".
Los que temen al pasado que desconocen, están muy orgullosos de los vicios de España, de los políticos corruptos y putañeros, de la inexistente FE que a su vez ha creado en ellos un -nihilismo hedonista- para estos la vida no tiene sentido y esa falta de sentido en sus vidas les hace profundamente egoístas, viven exclusivamente el hoy y el ahora para su propia satisfacción. Son los de la realización profesional, por encima de formar una familia, los de viajar sin importar regresar arruinados del viaje, los de la eterna ruta del bacalao.
A estos españoles se refiere Michel Houellebecq en su obra sobre la decadencia de Occidente, En obras como Las partículas elementales o sus ensayos, Houellebecq analiza cómo Irlanda pasó de ser el bastión más ferviente del catolicismo a una sociedad puramente materialista impulsada por el éxito económico (el "Tigre Celta"). Para él, la fe irlandesa fue comprada con la prosperidad. A menudo utiliza España (especialmente en novelas como Plataforma o Lanzarote) como el escenario del turismo sexual y la liberación de las costumbres. Sugiere que España abandonó su tradición católica a cambio del hedonismo y el mercado del placer. Houellebecq sostiene que el cristianismo era el único "pegamento" que mantenía unida a la sociedad europea. Una vez destruido por la revolución sexual y el capitalismo, solo queda el nihilismo, la soledad y la depresión (eje central de su novela Serotonina)
Los españoles se ufanan de "su libertad", pero ¿son realmente libres? ¿Quién era más libre, el abuelo de que hace 50 años compraba casa, educaba a sus hijos y viajaba, o el chaval de 25 que aún tiene que vivir con sus padres o compartir piso? Si para los españoles la libertad se limita a la libertad de expresión, permítanme decirles que no han logrado mucho. Su libertad de expresión no es más que libertad de mentir, en prime time y a sueldo del poder. España ha convertido en figuras relevantes a Jorge Javier Vázquez, Sara Pérez Santaolalla, Euprepio Padula, Esther Palomeras o Silvia Intxaurrondo; y hacer una lista de estos mentirosos de oficio llevaría una lista tan larga como la que he escrito hasta ahora.
Esta crítica a la sociedad española, la hago desde el más profundo amor a la tierra de mis padres y que además es la tierra donde seguramente serán enterrados mis despojos; no es un señalamiento destructivo, es un llamado de alerta angustiado, de alguien que ya vio desaparecer un país, víctima de la frivolidad de su sociedad. Pero más que una crítica a la sociedad española, es una crítica a las élites que han moldeado esa sociedad, unas élites absolutamente divorciadas de su sociedad, incapaces de darle un norte hacia el cual viajar; demasiado ocupadas en mejorar su rentabilidad o en permanecer en la poltrona del congreso una legislatura más. Ya me lo había dicho Carlos Esteban en el programa "El gato al agua" - Aquí los españoles sacamos la navaja para proteger los garbanzos - Pues ¡Enhorabuena! Habéis cuidado tanto los garbanzos, que dentro de poco tendréis que repartirlos a saldo, porque la necesidad se convertirá en hartazgo.
La juventud española parece estar dispuesta a reaccionar, pero no sé si estarán a tiempo, porque el nivel de destrucción económica, moral y sobre todo, la destrucción de la identidad nacional. España tiene mucho de qué enorgullecerse y no es precisamente de sus vicios actuales, busquen en su ADN, allí está la respuesta a la decadencia en la cual este glorioso país ha sido sumergido.
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